80 participantes celebraron la Gran Final de la Copa Protección en Barranquilla

Durante tres meses, cada partido de la Copa Protección en Barranquilla tuvo algo más en juego que el marcador.

80 niñas, niños y jóvenes de El Pueblito, Las Malvinas y Soledad participaron en un proceso que integró competencia deportiva, formación y desarrollo de habilidades para la vida a través de la metodología de Fútbol Socioemocional de Fútbol Con Corazón.

Ocho equipos llegaron hasta el cierre de la Copa. Y aunque los goles contaban, había otro elemento que acompañaba cada encuentro: los corazones. Los equipos podían obtenerlos por comportamientos positivos, cumplimiento de acuerdos, respeto, convivencia y trabajo en equipo.

Lo aprendido también se pudo observar

Al finalizar el proceso, 74 de los 80 participantes hicieron parte de la medición de habilidades sociales. El 98,6 % se ubicó en niveles medio o alto, mostrando fortalezas relacionadas con pensar alternativas ante distintas situaciones, planear respuestas y buscar formas de actuar que eviten la agresión.

La observación directa durante los partidos dejó otro resultado relevante: el 95,4 % de los conflictos registrados se gestionó sin recurrir a la agresión.

Samuel, uno de los participantes, lo cuenta desde su propia experiencia:

“Gracias a todos los valores que nos han enseñado, podemos compartir más con nuestros compañeros, aprender de ellos y que ellos también aprendan de nosotros.”

— Samuel, participante de Copa Protección

Su testimonio conecta con una de las apuestas centrales de la Copa: que lo que sucede en la cancha también pueda convertirse en una oportunidad para aprender a convivir.

Una oportunidad para seguir aprendiendo

Los resultados también permiten identificar la siguiente ruta. Evitar respuestas agresivas es un punto importante; ahora la oportunidad está en continuar fortaleciendo habilidades para expresar emociones, dialogar bajo presión y resolver los conflictos de manera cada vez más asertiva.

El proceso también involucró a madres, padres, cuidadores y voluntarios de Protección a través de una Escuela de Familia, llevando la conversación sobre convivencia y formación más allá de quienes estuvieron dentro de la cancha.

La siguiente jugada

La final cerró tres meses de Copa Protección, pero dejó algo más importante que un resultado deportivo: aprendizajes que hoy pueden observarse, medirse y convertirse en una nueva ruta para seguir fortaleciendo las habilidades de sus participantes.

Porque en esta Copa, jugar bien también significó aprender a convivir mejor.

Siguiente
Siguiente

Scoring Goals for Mental Health at the FCC International Forum 2026!