La Pobreza

Por Samuel Azout

“Privar a los más pobres de libertad para elegir, es atropellar su dignidad individual y colectiva.”
 Jacqueline Novogratz.

Según más reciente informe del DANE[1], el número de personas viviendo en condiciones de pobreza en Colombia aumentó de 8,5 millones en 2016 a 9,6 millones en el 2018. Especial mención merece la Región Caribe, que ha desbancado al Pacífico como el territorio con mayor proporción de pobres, al pasar del 26,4% al 33,5% en los dos últimos años. Una cifra que contrasta con las de Bogotá (4,3%), Valle del Cauca (13,6%) y Antioquia (17,1%).
 
El Editorial de mayo 5 de El Heraldo, diario de mayor circulación en el Caribe Colombiano, dice textualmente “el hecho en sí de que aumente el número de pobres debemos asumirlo como un fracaso colectivo en nuestra construcción social.”Concluye el editor, “…hay que redoblar los esfuerzos para lograr una sociedad más justa y equilibrada.”
 
No hay consenso sobre las causas y soluciones a la pobreza; la problemática ha generado las controversias más interesantes de nuestro tiempo. No es suficiente la sola idea de “redoblar los esfuerzos.” Hay que determinar cuáles deben ser los esfuerzos para superar el flagelo dado el “fracaso colectivo.”
 
Lo cierto es que no hay fórmula mágica para eliminar la pobreza. En realidad, no sabemos cómo hacerlo. Lo que sí sabemos es que hay algunos conceptos claves que son necesarios incorporar a la política pública si algún día no lejano hemos de reducir la pobreza por debajo de 10%.
 
En primer lugar, debemos aceptar que el crecimiento económico como solución a la superación de pobreza está sobre valorado. A los más pobres nos les llegan los beneficios del crecimiento, estos se concentran en los niveles económicos más altos. En países con sistemas re distributivos e instituciones débiles, el crecimiento de la economía aumenta la desigualdad y debilita la cohesión social.
 
En segundo lugar, es importante entender que la superación de pobreza no es una obligación exclusiva del Estado. Es un compromiso que también le corresponde a la empresa privada. Los países que han logrado reducir pobreza gozan de una cultura progresista, donde las empresas persiguen objetivos sociales y ambientales con el mismo interés con el que persiguen beneficios económicos.
 
En tercer lugar, debemos dejar de pensar en la caridad como la gran solución. Si bien es cierto que la caridad y la ayuda humanitaria alivian el hambre y otras condiciones humanas inaceptables, la realidad es que no la eliminan la pobreza. Es importante concentrarse también en las causas, es decir, en aquellos problemas que perpetúan la pobreza.
 
En cuarto lugar, es importante promover la innovación social, no muy presente en la política pública – con la excepción de Antioquia. La innovación social permite procesos de creación conjunta y reconoce a la Comunidad como principal agente del cambio social. El diseño participativo que incluye los saberes, cultura e idiosincrasia comunitaria es fundamental en el propósito de escapar pobreza.
 
En otras palabras, nos corresponde alejarnos del tan arraigado desarrollo autoritario: la idea de que “expertos” desde sus escritorios entreguen un manual de cómo derrotar la pobreza. El reconocido economista de William Easterly señala que “el desarrollo no es algo que nosotros imponemos sobre los demás.”La pobreza no se combate con grandes planes impuestos desde arriba, sino partiendo de la gente, escuchando a los beneficiarios y escalando soluciones que ellos mismos originan. De acuerdo a Easterly “el fin de la pobreza no llegará gracias a programas de asistencia, sino producto del dinamismo de individuos y de empresas.” 
 
 
[1]Departamento Nacional de Estadísticas de Colombia.

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