Cambios físicos y psicológicos desde la sexualidad

 

Por Cirlys Coronell.

El desarrollo humano como maduración y crecimiento, tiene progresión tanto en la diferenciación como en la integración de cambios temporales físicos, pensamiento y de comportamientos de la persona, asimismo esos cambios que se presentan están determinados por la sociedad o época en que estos se producen.

El lapso entre los diez y los veinte años marca aspectos diferenciales en el desarrollo que se reflejan en importantes transformaciones psicosociales y coinciden con las edades aproximadas en que se inician las modificaciones sexuales y la culminación de este crecimiento. El desarrollo de las características sexuales secundarias, el aumento de peso, de estatura son modificaciones externas socialmente impactantes, que llevan a la incertidumbre sobre las posibilidades de desempeñar un rol como hombre o mujer, lo que facilita la vulnerabilidad ante comentarios, prejuicios y estereotipos.

Es en la adolescencia donde se replantea la individualización personal y social, además de un sentido de pertenencia, a la vez que es el momento de abandonar las identificaciones infantiles y pérdida del cuerpo infantil, así como la imagen que se tiene de los padres como agentes protectores.

De acuerdo a lo anterior se puede reflexionar en la siguiente pregunta: ¿Cómo se tiende a sentir el joven en esta etapa Tal vez se pueda decir que, con muchas confusiones en su vida, sus emociones parecen estar fuera de control, en un momento te sientes en la cima del mundo y al momento siguiente siente que está en lo más profundo de un pozo.

Dentro de los cambios psicosociales que pueden llegar a tener los niños y niñas al pasar la adolescencia encontramos los siguientes:

Desarrollo psicosocial de los 12 a los 14 años y Desarrollo psicosocial de los 15 a los 17 años:

Conociendo cada uno de los cambios por los cuales pasan los adolescentes no solo a nivel físico, sino también psicológico, los padres pueden hacer más productiva esta etapa de sus hijos considerando los siguientes aspectos:
– Fortalecer la autonomía de los hijos, con bases sólidas, es decir con responsabilidad, respeto y mucho amor.
– El apoyo debe ser constante, para que cuando tengan que tomar sus propias decisiones, lo puedan hacer con total seguridad, convicción y responsabilidad.
– Fortalecer su autoestima día a día, mencionándoles cuanto los amamos, lo orgullosos que estamos de ellos y cuanta confianza les tenemos. Siendo por tanto la comunicación lo más importante.

Referencias

– Krauskopof, D. (1999). El desarrollo psicológico en la adolescencia: las
transformaciones en una época de cambios. Adolescencia y salud, 1(2), 23-31.

 

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FCC Colombia

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