“No tenía dónde jugar”:Ana Sofía
Ana Sofía lo dice sin rodeos: antes su día era corto y solitario.
“Antes era mi vida aburrida… jugaba en el teléfono y ya… No tenía dónde jugar.” — Ana Sofía
Un lugar que cambia la rutina
En Me la Juego por Baranoa, la cancha se volvió algo más que entrenamiento: un punto de encuentro. Ana Sofía no llega pensando solo en ganar; llega pensando en disfrutar y compartir.
“No importa si perdemos o ganamos. Lo que importa es divertirse.” — Ana Sofía
Lo que una mamá empieza a notar
Su mamá, Marta Taborda, recuerda cómo era antes: tímida, aislada, con dificultad para relacionarse con otros niños.
“Era una niña un poco tímida, aislada… no le gustaba relacionarse con muchos niños.” — Marta Taborda
Marta también cuenta que su hija vive con una condición cognitiva leve, y que por eso jugar con otros podía dar miedo. En el proceso, sentirse aceptada fue parte del cambio.
“En muchos lugares no la aceptaban… acá la aceptaron con los brazos abiertos.” — Marta Taborda
Habilidades para la vida, en palabras simples
Ana Sofía identifica aprendizajes concretos: valores y gestos cotidianos que marcan diferencia.
“He aprendido… honestidad… ser respetuosos.” — Ana Sofía
“Un día no me llevé plata… alguien me compartió… Aprendí que… las demás personas también son amables.” — Ana Sofía
Marta, por su parte, destaca un avance clave: herramientas para manejar emociones y conflictos.
“Ahora… sabe tomar todo con calma… la respiración… expresar sus emociones de forma diferente.” — Marta Taborda
La siguiente jugada
Al cierre, Marta lo resume con gratitud hacia quienes hacen posible el proceso.
“Gracias a Fútbol con Corazón, a BEING y a la Alcaldía de Baranoa… ojalá siga por muchísimo tiempo más.” — Marta Taborda
Porque a veces el primer gran cambio no es “jugar mejor”. Es tener dónde jugar, con quién jugar y sentirse parte del equipo.